Muskerrak
Ingurumen
Elkartea

Petardos! ¿Los que se lanzan, o los que los lanzan?

Woods en el comedero de casa en diciembre de 2025, antes de los petardos
Desde inicios de noviembre hasta finales de abril, tengo una rutina mañanera: nada más levantarme de la cama salgo al jardín a limpiar y rellenar los comederos y bebederos de agua que he colocado para los pajarillos silvestres. No importa que llueva, nieve o haga viento, un compromiso es un compromiso, en este caso, con las aves que me esperan desde el amanecer.
Mientras vivía en Dinamarca y, a pesar de la poca diversidad de especies, diariamente visitaban mi jardín varias parejas de herrerillos y carboneros, una gran familia de gorrión molinero, urracas, palomas torcaces, verderones, pinzones, mirlos, grajillas, chochines, un petirrojo al que llamaba Txan y un pájaro carpintero al que llamaba Woods. Es un verdadero placer ver que, con tan poco esfuerzo, se puede ayudar a la fauna local y a diversas especies, algunas de ellas en declive en Europa.
Pues bien, llegó la noche del 31 de diciembre de 2025 y empezó el estruendo: los cielos se llenaron de petardos y fuegos artificiales. Es difícil aceptar que sigamos celebrando fiestas a base de explosiones, usando el ruido y el sobresalto como un modo de celebración colectiva, y provocando pánico en animales domésticos y silvestres, desorientando aves, alterando el comportamiento de muchos animales y añadiendo estrés a ecosistemas que ya están suficientemente presionados por la actividad humana. No es nada divertido ver perros aterrorizados, aves abandonando nidos o fauna huyendo sin rumbo por un estímulo que no aporta ningún valor real más allá del impertinente espectáculo audiovisual.
Pero bueno, “¿qué me importa que Luna, la perra del vecino, se haya asustado y dado a la fuga por el petardo que yo he tirado, y la hayan atropellado mientras huía? No es culpa mía, tonto el perro”.
Después de noche ni Txan ni Woods volvieron a mi jardín, así como muchos individuos del resto de especies. No sé qué ha pasado con ellos, lo único que sé es que la tarde del 31 de diciembre estaban, como todos los días, alimentándose frente a mi ventana. ¿Cuántos animales salvajes mueren cada año por este entretenimiento y cuál es la consecuencia sobre las poblaciones de estas especies? La investigación estima que mueren miles, aunque resulta imposible contabilizar los números reales.
Pero bueno, “si no me importa lo que le ha pasado a Luna, a la que veía a diario, ¿qué más me da un maldito pájaro, ciervo o murciélago?”
Por desgracia, vivimos en una sociedad egocéntrica donde la empatía aparece solo cuando el problema nos afecta directamente, y donde la responsabilidad siempre es de alguien más sensible, más exagerado o, mejor aún, de nadie. Mientras no seamos nosotros los que temblamos de miedo, todo lo demás es ruido de fondo.
Otros visitantes del jardín durante el invierno:




